Extraño 2: — Parece que ya te has olvidado de lo que paso. — dijo uno de los sujetos mientras miraba fijamente al peliblanco. Este arqueó suavemente una ceja, mientras intentaba recordar poco a poco de donde es que los conocía a ambos. Y es entonces cuando fue que todo le vino a la mente tal cual como un tatuaje que vuelve a revivir sus colores de una manera sorpresiva, aunque este tatuaje sea viejo y difuso ya. Si, era todo bastante claro ahora, aquel momento cuando Khima entró a aquella fortificación que contenía una sin fin cantidad de borrachos que se querían hacer los mercenarios contratados, aunque ese dinero que se les era entregado, obviamente lo lapidaban en más alcohol. Si, todos fueron débiles para el peliblanco, el cual los mató a todos sin misericordia, todos quedaron algunos sin cabeza, otros murieron desangrados, y los últimos... ¿como olvidar el asunto? Si hasta fue demasiado cómico, ya que luego de que quedaron atrapados, arrinconados como ratas contra un gato, en una esquina oscura de la cueva, cuando explotó todo aquello simplemente fue 'entretenido' en cierta forma que fueran asesinados, aplastados por las rocas que caían encima de ellos a causa del derrumbe por la explosión.
— ¡Oh, si! ... ahora los recordé, son a los que debería haber matado. — decía con total calma, como si le diera igual que ellos estuvieran vivos, al menos por ahora que no se daba cuenta que Hana estaba en los alrededores. — ¿Qué hacen vivos? ... y por lo que veo se hicieron una cirugía estética en la cara, les queda bien. — agregó a esas palabras que él mismo estaba diciendo. Soltó una carcajada irónica, mientras les miraba de forma sínica, suspirando profundamente mientras se hallaba cruzado de brazos, claro que estaba siendo bastante iluso al pensar que Hana estaría a salvo, bueno... más bien, que no la agarrarían, ya que a salvo estaría de todas formas, ella era capaz de matar a cualquier peligro que se les acercara si eso significaba poder seguir adecuadamente con la misión que se les había presentado antes; Pero luego se le erizó la piel a Khima cuando notó como el otro extraño miraba directamente hacia un punto, y el peliblanco viró su rostro, notando de soslayo que ahí estaba Hana.
Extraño 1: — Esa mujer. Yo me encargo… — mencionó el hombre restante. El Uchiha miraba de reojo nuevamente al extraño número 2, el que había quedado cerca de él. Antes de haberlo mirado le guiñó el ojo a la chica, ya que sabía que ella podía con ese sujeto, pero de todas formas, prefería dejarle saber que se preocupaba por ella, o mejor dicho, que arriesgaría su vida por su compañera de misiones, y además de eso, los dos habían pasado tantas cosas juntos, tanto por proteger, que simplemente no podían darse por vencidos justo ahora. Y si... algo parecido me había sucedido hacía un par de días, todo por un maldito mal entendido, un amor innegable, inclusive mayor a lo que cualquiera de los dos podríamos haber imaginado, y sin embargo, todo parecía haber terminado repentinamente, de golpe, uno de los dos se enojó, o quizás los dos... pero el orgullo nos ganó, y pasó de ser un problema algo común, a ser un dolor para ambos, que al final de cuentas, nos hizo dar cuenta que todo lo que pasamos juntos y todo por lo que habíamos luchado se estaba yendo a la mierda, literalmente, pero luego... nos dimos cuenta que el uno sin el otro no somos nada, ¿Qué sería de nosotros si no nos damos una oportunidad? ... Todos cometemos errores, pero a veces esos errores son solamente tonterías, yo le amo, como ella a mi, quizás yo más... pero bien que su orgullo le gana y no quiere aceptarlo, ya lograré convencerla alguna vez; Pero en cambio, Khima aún estaba en aquel proceso de aceptar si amaba a la pelirrubia aquella que había cautivado su atención desde el primer momento que le vio, y creo... que estamos por averiguar eso...
— Te recomiendo que la suelten a ella, no tiene nada que ver. — dijo el Uchiha, sonriendo de una forma casi hasta sádica se podría decir. — Les doy... cinco(5) segundos para que la suelten, o no podrán tener rostro, ni cuerpo, de nuevo... — agregó, en un tono lleno de frialdad y carencia de misericordia, arrugando un poco el entrecejo y relamiéndose el labio superior, para luego dar un rápido movimiento con ambos brazos, poniéndolos a los costados de su propio cuerpo, desplegando aquellos dos cuchillas escondidas, estando pronto para atacarles si intentaban algo raro. Ahora daría su vida si fuese capaz, por la de Hana, la médica de Sunagakure, aparte de su compañera fiel...




















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